F i e s t a s

Calendario de Fiestas y Mercados

     Especialmente entre San Juan y San Miguel se suceden las fiestas en Cantabria que aúnan tres tipos de atracciones: la celebración religiosa en honor de los Santos Patrones o de la Virgen del lugar, las diversiones paganas con mayor o menor pervivencia de lo folclórico, y por último los tratos comerciales de las ferias del año. Si se buscan los orígenes del folclore o de las fiestas de Cantabria, no es posible remontarse hasta tiempos muy lejanos. Sin duda hubo una tradición, pero ésa en su mayor parte se perdió. Pero como un pueblo no puede sobrevivir sin fiestas, cuando se perdió una tradición se inventó otra nueva.

   Así, a Cantabria llegaron o quizá se recuperaron encierros, carnavales, desfiles de carrozas o esa popular y difundida costumbre de la fiesta gastronómica, cuyo remoto y olvidado origen podría estar en las cacerías de bisontes de los habitantes de Altamira. De ese modo, en cualquier romería o celebración se pueden escuchar y ver los cantos y danzas que por su ritmo pueden ser a lo alto y a lo bajo o a lo ligero y a lo pesao, acompañados por el pandero y el bígaro o por el pito y el tamboril.

    Las melodías vocales para solista o coro a una voz se acompañan rítmicamente a base de pandero, tarrañuelas, pito, tamboril y rabel. Este instrumento merece especial atención por su origen antiquísimo y elemental, pese a lo cual artistas tan cabales y espontáneos como "Lin el Airoso" en Campoo o Pedro Madrid en Polaciones, saben extraer de él sentidas melodías.


      Una de las fiestas más típicas en la de la "Vijanera" en Silió. Se trata de una mascarada que empieza por el sonido de las campanas y donde unos personajes medievales, "los zamarracos", con la cara pintada de negro, pieles de carnero, sombreros picudos y con cencerros, van pasaando por las calles para alejar a los malos espíritus. Otros personajes típicos son el Oso, el Domador, la Pepona, el Trapajón, La madama, el Viejo y la Vieja, el Pasiego, etc. que van recorriendo el pueblo pidiendo aginaldos y representando parodias. 

    Entre las danzas, algunas de ellas recuperadas en los años veinte por Matilde de la Torre, en Cabezón de la Sal, destacan la Baila de Ibio, danza guerrera de supuesto origen cántabro; la danza del Romance del Conde Lara, de aire cortesano; la danza de los arcos, de talante más campestre; el baile de las lanzas en Ruiloba; o algunas otras, como el Pericote y el Trepeletré de Liébana.

    Aunque quizá lo más original del folclore de Cantabria sean los Picayos y las Marzas. Las danzas de los Picayos se acompañan o acompañaban de canciones de tema cambiante, que aludían a las necesidades o quejas del pueblo planteadas ante el patrono o patrona del lugar como petición para que fueran atendidas. Quizá una derivación de estas canciones sean las letras de los más actuales copleros, que no eluden ni las mofas ni el escarnio de personajes o instituciones.

    Las Marzas, por su parte, es una fiesta dedicada a la llegada de la primavera que ha mantenido viva su tradición en la zona de Reinosa y en el valle de Toranzo, con sus coplas en demanda de obsequios. Estas coplas se cantan, en algunos lugares la última noche de febrero, siendo el primer verso del romance marcero el que dice: "Marzo florido, seas bienvenido".

    Los días de fiesta son también ocasión propicia para los concursos de algunos deportes populares, tales como las regatas de traineras, el juego de los bolos o, de origen más reciente, las competiciones de arrastre de parejas de bueyes o vacas. Pero quizá la forma más popular de festejo sea la romería, entendida aquí como baile y merienda al aire libre, en la que no falta ni la orquesta, ni los puestos de chucherías y golosinas, así como el bar ambulante y el puesto de churros y patatas fritas.

 


 

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