Prehistoria.
Con las pinturas de Altamira y Puente Viesgo, Cantabria se anticipa 10.000 años,
al gran arte de las civilizaciones orientales (Egipto, Mesopotamia, etc), y
ofrece al hombre moderno el primer testimonio de la genialidad de la especie.
Los bisontes del famoso techo de la cueva montañesa poseen la
inspiración y la fuerza que sólo un lúcido cerebro puede
lograr. Sólo nos han asegurado esto, pero ya es bastante para un alcance
que puede llegar a los 12 o14.000 años a.C. Mucho más remoto parece
ser el hombre de Morín (25.000 años) encontrado en una cueva cerca
de Santander.
Besaya),
otros en la del monte Vedulio. Los romanos crucificaron a los principales guerreros
(leyendas al respecto quedan como la del genial Corocotta) y a los otros
los dispersaron vendiéndolos como esclavos por toda Hispania. Dos años
después, los cántabros se sublevan, matando a sus amos, y vuelven
a sus montañas donde empezarán de nuevo la lucha con los romanos,
la cual terminó con una guerra de exterminio dirigida por Agripa (25
a.C.). Como reliquias cántabras nos han quedado las grandes estelas
de Zurita, de Barros o de Lombera, que se pueden ver en el Museo de Prehistoria.
Los visigodos. Con la desintegración del imperio romano, Cantabria, como las demás regiones de Hispania, entra en un paréntesis cercano a la independencia, al romperse los lazos de la administración y del gobierno. Con la ocupación de la península por los visigodos en el siglo V d.C., Cantabria permanece inconquistada hasta que Leovigildo en el 574 toma Amaya, y aunque se crea el ducado de Cantabria (mucho más grande que la actual, ya que llegaba desde el Nalón, en Asturias y León, hasta el Nervión en Vizcaya, incluyendo toda la vertiente del Ebro, Palencia y Burgos) no parece que lo que hoy es nuestra región tuviese un asentamiento firme de gentes godas. La casi total falta de vestigios de esta época permite suponerlo.
Los árabes. Cuando Tarik
y Muza a principios del siglo VIII hunden con rapidez inusitada el poder y la
monarquía visigoda, y los ejércitos árabes llegan al borde
mismo de nuestras altas cumbres, los acontecimientos históricos vuelven
a colocar a Cantabria en una situación de protagonismo. Es el momento
de una nueva resistencia ante el invasor llevada a cabo por grupos de indígenas
cántabro-romanos, mandos visigodos y numerosas gentes que -huyendo ante
el temor de los vencedores- logran unirse y dar nacimiento así a la monarquía
astur-cántabra (el rey Alfonso I, hijo del duque de Cantabria, se casa
con la hija de don Pelayo), que tomará las riendas que han de hacer más
fácil el anhelo de recuperar y volver a repoblar las tierras y campos
perdidos. Alfonso I, no teniendo fuerza suficiente, consigue con la táctica
de las rápidas razias, introducir en nuestros montes numerosos cristianos
que habían quedado sometidos a los árabes en la meseta y con ellos
refuerza la población de Asturias y Cantabria. Después, en los
siglos VIII Y IX, este mismo rey y su sucesor Alfonso II atraviesan los montes
(foramontanos) y van poniendo las bases -con creaciones monasteriales sobre
todo- para lograr la contención de los avances musulmanes. La monarquía
astur-cántabra iniciará así esa gran empresa común
de intentar
recomponer
la unidad de España que ya los visigodos habían conseguido. Como
vestigios en Cantabria de lo que fueron estas avanzadillas repobladoras nos
quedan las conocidas iglesias rupestres y los cementerios excavados en la roca.
Influencias traídas por gentes mozárabes
(cristianos que vivían en territorio árabe) dejan en Cantabria,
en el siglo X, iglesias con recuerdos decorativos y constructivos musulmanes,
como son <-Santa María de Lebeña, San Román de
Moroso, Helguera o San Martín de Elines. Pero de hecho, en los finales
de este siglo, cuando los cristianos ya consiguen reconquistar y repoblar la
meseta (el valle del Duero en el siglo XII), Cantabria, ya alejada de los centros
ahora del poder (reyes de León y condes de Castilla), pasa un poco a
segundo término.
En los siglos XI y XII, con
la europeización que traen la dinastía navarra y los reyes Alfonso
VII y VIII de Castilla, nuestros valles se llenan de iglesias románicas.
Cuatro monasterios (Santillana del Mar->, Santa María de Piasca,
Cervatos y San Martín de Elines) nos dejan las muestras más excelentes
de este estilo y reparten el poder económico y las influencias en sus
respectivos señoríos y dominios. Los gustos góticos -que
llegan al mismo tiempo que van decayendo los poderes monásticos
para
ser sustituidos por los de las noblezas locales y por los de los concejos- aportan
al arte las grandes iglesias de Laredo, Castro, San Vicente de la Barquera,
etc. Cantabria es supeditada a Burgos (entre Cantabria , La Rioja y Burgos se
crea el lenguaje castellano) y nuestros reyes son los de Castilla y toda nuestra
historia contribuye y colabora a las empresas nacionales (liberación
de Sevilla, descubrimiento de America, ...). Nuestros canteros adquieren fama
por su maestría y se les ve trabajar y dirigir monumentos foráneos
de fama internacional (los Hontañón, Nantes, Juan de Herrera,
etc).
A partir del siglo XVI los cántabros,
encerrados en sus montañas (llega la crisis de la Peste proveniente de
Castilla), proyectan su vida hacia el mar. Varias de las villas de Cantabria
forman la "Hermandad de las Villas de la Costa" que defienden sus
privilegios sobre las rutas comerciales y pesqueras del Cantábrico. Esta
marina cántabra, al mando de Bonifaz, fue la que conquisto Sevilla. De
ella también surgió Juan de la Cosa, armador y piloto de Cristobal
Colón.
En los siglos XVII-XIX se producen
tres hechos importantes: Primero se transforma la economía agraria con
la aclimatación de razas europeas que desplazan a las autóctonas
(pasiegas, tudancas, campurrianas) y la plantación de eucaliptos. Segundo
surge la emigración, unos a America, el tipo del emigrante "indiano",
que a su regreso a la "tierruca" suele emular a la nobleza local construyendo
casonas de alta prestancia y contribuyendo al enriquecimiento de sus iglesias,
transformando muchas veces las fábricas románicas o engrandeciéndolas
con capillas y añadidos; otros a Andalucía, el tipo "jándalo",
sobre todo a Cádiz, no tan ricos como los primeros pero intentando a
su regreso emular a los indianos. Y tercero se crea la provincia de Santander
(1799) separada de Burgos y la capital de la región, Santander (1817),
que sirve de activo puerto a toda Castilla, gracias a cual se desarrollan las
comunicaciones para la región. El arte logra
importantes iglesias barrocas que se adornan con retablos populares o de buenos
talleres. Al final, en lo arquitectónico surge un neo-regionalismo cuyos
principales representantes son Rucabado y Riancho.
A partir de la crisis colonial del 98, se acentúan en Cantabria, como
fuentes de la economía, la ganadería y la pesca. En el siglo
XX, la guarnición de Santander no se une al levantamiento contra
la república y Cantabria, en concreto Santander, es tomada por el General
F. Dávila en 1.937. Después de 40 años de franquismo, en
1.982, Cantabria es declarada comunidad autónoma.